Alguien me dijo una vez que la música electrónica era ‘de segunda categoría’ porque no tenía mensaje (o alguna mierda por el estilo). A esa persona bajita, pedante y con una berruga guarrindonga en el sobaco, quiero dedicarle especialmente la siguiente historia; trata sobre una niñita, un pedófilo y la desagradable situación que se desarrolla en el sótano de un inmueble (para que luego digan que no hay contenido).