Si alguien ha llegado a este post esperando que hable sobre mis noches de borrachera va muy desencaminado. Hoy quiero romper una lanza en favor de una de las profesiones más desagradecidas del cine, esas personas que nos han proporcionado horas de entretenimiento sin ni si quiera pedirnos a cambio que nos fijemos en sus caras (y qué decir ya de sus nombres…). Me estoy refiriendo a los dobles de acción.
Y si hay uno que ha conseguido llamar mi atención en los últimos tiempos ese es Cyril Raffaelli. Artista marcial y traceur, este francés de 37 años empezó de muy jovencito su entrenamiento acrobático, en concreto a los 14 años, cuando ingresó en la escuela circense Annie Fratellini. Más tarde alternaría sus clases de teatro con su afición por las artes marciales, llegando a competir e incluso a alzarse como campeón de Francia de kung-fu en 1998. Pero su verdadera vocación le hizo abandonarlo todo para centrarse en su carrera cinematográfica. Su primera intervención documentada sería como trapecista en la comedia ¡La verdad si yo miento! (1997) y más tarde llegarían films como Double Team (1997), Ronin (1998), Juana de Arco (1999), Dobermann (1997), El Pacto de los Lobos (2001) o Transporter (2002), realizando funciones tanto de doble de riesgo como de coreógrafo de acción.
Gracias a la amistad entablada con Luc Besson le llega la oportunidad de interpretar su primer papel en condiciones en Taxi 2 (2000) donde encarna al ninja de una célebre escena en la que maneja el nunchaku. Le reencontramos como uno de los subordinados “gemelos” de Tchéky Karyo en El Beso del Dragón (2001), donde protagoniza un espectacular combate contra Jet Li y como el sacerdote asesino de Los Ríos de Color Púrpura 2: Los Ángeles del Apocalipsis (2004). Más tarde también sería un implacable secuaz que intentará acabar con Bruce Willis en La Jungla 4.0 (2007).
Pero los títulos de su filmografía que no os debeis perder para apreciar realmente hasta donde llegan sus habilidades son Distrito 13 (2004) y su secuela Distrito 13: Ultimatum (2009), donde comparte protagonismo junto a su buen amigo y fundador del parkour, David Belle. A nivel argumental no es que sean una maravilla, pero las escenas de acción realmente son de quitarse el sombrero.