Comentar un film (lo de film por llamarlo de alguna manera) como DragonBall Evolution da mucha pereza. ¿Qué puedo decir?. DragonBall Evolution es todo lo mala que se esperaba e incluso más. Lleva la cutrez a cotas inimaginables y le da un nuevo significado a el término “pasarse por el forro de los cojones” lo que sería la adaptación de un cómic (o manga para el caso).
Nunca jamás había visto tanta unanimidad de opiniones sobre un film (quizás en el estreno de Street Fighter de Van Damme…). Si por regla general en esta casa miramos de velar por la economia del espectador recomendándole cuándo gastar su dinero en la taquilla y cuándo esperar al alquiler en DVD, en este caso rogamos encarecidamente que nadie vea jamás esta película aunque sea lo único que emitan por televisión. Es más, esperamos que la distribuidora no edite el DVD a no ser que lo hagan con el propósito de que se use como posavasos (y seguro que ni así cumpliría su comentido).
Goku (Justin Chatwin) es un adolescente calentorro con los pelos como si hubiese tenido una trifulca de gatos en su cabeza, que entrena con su abuelo en las artes marciales. El día de su 18 cumpleaños el viejo le entrega una de las 7 Bolas de Dragón, de las que dicen que cuando se reunen todas otorgan “un único y perfecto deseo” (que yo me pregunto… es que acaso hay deseos imperfectos?… bueno, quizás los del Djinn de Wishmaster y los del genio del anuncio del Mini, pero vaya…). Sin embargo a Goku esto se la suda un poco ya que está más interesado en tirarle los trastos a una compañera de instituto llamada Chi Chi (Jamie Chung). Desgraciadamente mientras asiste a una fiesta organizada por ella, un ente maligno y verde llamado Piccolo que pretende reunir las bolas (James Marsters) aprovecha para demoler la casa del abuelo, con él dentro. Curiosamente, suponemos que embriagado por la emoción de estar libre de nuevo (porque esto se comenta de pasada, pero al parecer estuvo durante muchos años encerrado en un recipiente), se olvida de buscar la esfera. Goku regresa a casa y se encuentra con el percal, justo a tiempo de que su abuelo en las últimas le diga que para salvar el mundo debe encontrar al maestro Roshi y reunir la DragonBalls. Casualmente en aquel momento llega una chica llamada Bulma (Emmy Rossum) a la que también le han robado su bola. Rapiditamente llegan a un acuerdo de colaboración mutua y se van a casa de Roshi, que resulta ser un ridículo y picantón (dentro de una corrección política que roza lo exagerado) Chow Yun-Fat… que si John Woo ve algún día la película seguro que se arrepiente de haberlo enchufado en esto del cine. Tras escuchar la triste historia de nuestro protagonista decide acompañarlos a buscar las bolas y de paso lo va entrenarlo por el camino, con tan mala suerte que mientras van por una de ellas se caen de bruces en una zanja que había cavado Yamcha (Joon Park) con el fin de extorsionarlos, pero como llegan los esbirros de Piccolo en el momento apropiado… se pasa al bando de los buenos. Entonces Ben Ramsey, que es un guionista visionario, se saca de la manga al sensei de Roshi para que encauce un argumento que no lleva a ningún sitio y al final acaban todos enfrentándose a Piccolo a tiempo de impedirle que pida su deseo. Fin.
El presupuesto millonario del que tanto se habla brilla por su ausencia (yo creo que la auténtica finalidad de este film es la de blanquear dinero), las escenas de acción son breves y abusan de las cámaras lentas y el cable, el argumento es un encadenado infumable de sinsentidos y el reparto merece penas carcelarias por su interpretación. Después de tantos años de rumores sobre la adaptación del éxitoso manga lo que demuestra este film es una total falta de respeto por el aficionado y por el espectador en general, es un insulto descarado y la prueba irrefutable de que en esta industria cada vez más lo único que importa es el dinero (y aún vendrá alguno y dirá que es mejor que Watchmen si consigue recaudar más).
Una firme candidata para los Razzies del 2009. Para terminar os dejo con más cizaña gratuita (ojo spoilers):
- Mai, que en el manga era un lacayo de Pilaf sin ninguna habilidad especial, es ahora la mano derecha de Piccolo y además reparte y tiene unas habilidades metamórficas que ríete tú de Mística.
- En el film Bulma es una especialista en armas y también ha estudiado defensa propia. El papel de Yamcha es tan irrelevante que Jar Jar Binks a su lado destila carisma por todos sus poros. El “romance” entre ambos ni está argumentado, ni es creíble, ni nada de nada… Por cierto, sabíais que la actriz que la interpreta también canta al estilo de Enya?.
- Durante la mitad de la película Chi Chi es la típica pija de instituto que sale con el matón de turno, la otra mitad es una guerrera que llega a participar en algo parecido al Gran Torneo de Artes Marciales. Como sea, es protagonista de una de las frases lapidarias: “Que me llame Chi Chi no quiere decir que sea tonta“.
- Goku ni es saiyan ni nada… es un lacayo de Piccolo programado para destruir La Tierra a los 18 años (igualito, igualito que en el manga). En una escena totalmente gratuita e inargumentada sale comiéndose un muslo de avestruz (lo menos), en el resto del film no se vuelve a hacer referencia a su voraz apetito. Su transformación en Mono gigante (Oozaro) se queda en licántropillo de mediana estatura, pero su regresión a la forma humana no tiene precio… ¡es la misma escena vista del revés! (incluso vuelve a tener la ropa intacta).
- Mediante una estimanción usando la cuenta de la vieja, Piccolo aparece en el film alrededor de unos diez minutos. El muy iluso aún va haciendo declaraciones por ahí de que tienen previsto hacer seis secuelas (suerte tendrás si vuelves a salir por la tele…)